Encontrándose en su alcoba, preparose para festejar sus 40 años a su manera. Asi que se dirigió al baño, cepillose sus dientes y enguagose su cuerpo con mirra y aceites humectantes para sentirse fresca, deseosa y lubricada, dirigiose a su cama y preparose para encontrar éxtasis y lujuria. Allí, junto a las almohadas de pluma y sentada en el cabezal izquierdo de la misma, sosteniendo una copa de vino con la mano derecha y la botella en la izquierda, vestida con un vestido amarillo largo y voluminoso lleno de volados blancos y con la espalda descubierta se encontraba su deseo. Sin preámbulos comenzó. Lentamente se acerco hacia la vestida y sin pronunciar su nombre bebió de su vino, tomó de sus labios, acarició sus virtudes tapadas por la tela y besó su cuello juvenil. La joven sonrojose inmediatamente, ayudada por el exceso de alcohol alojado en su sangre y la sensación avallasante que cualquier primeriza posee en el momento y muy en el fondo, la idea avergonzante y extrañamente placentera de hacerlo con una igual.
La cumpleañera preparose a desempaquetar su regalo: sus manos buscaron los hombros y deslizaron los breteles a los lados de la cintura, revelando prominentes aspectos a explorar más adelante. Impaciente siguió su recorrido por las manos, cintura y cadera mientras la joven bebía con los ojos cerrados, disfrutando el momento.
El vestido a medio salir se resistía a dejar a su dueña.
Solo quedaba la gran pollera cuando, cansada de luchar contra la ropa desde la cintura, decidiose atacar por el lado opuesto, entrose por abajo del vestido besando cada centímetro de los muslos y acariciandolos se acerco a su intimidad. Rosole con la nariz, con lo cual la joven al sentir el cosquilleo olvidó el vaso que tenía en la mano y se aferro al borde de la cama dejando caer la copa y su contenido violáceo sobre su blanca piel y entre sus senos aprisionados.
Con ambas manos removiole su pequeña ropa íntima hasta la rodilla, prosigiose luego con muchos besos entre las pantorrillas y finalmente a sus labios húmedos y cálidos ocultos tras el algodón y los volados. La muchacha ardia en fiebre y sensaciones embriagantes invadían su mente. La sangre fielmente llevaba las sensaciones a todo el cuerpo, endureciendo sus pezones, acalorando su cuerpo, expandiendo el deseo.
Minutos más tarde, vestido esparcido por el espacioso cuarto, más precisamente el la alfombra roja obsrvava com dos cuerpors gloriosos se movían al compas de las llamas de hogar a pocos metros de la cama. Sobre ella ambas mujeres disfrutabanse una a la otra. La antigua, era la reina de la noche, la joven avida de conocimiento se entregaba sin oponer resistencia a los deseos de su maestra.
Mirábanse mutuamente, con sus pechos besándose entre ellos mientras que sus lenguas hablaban un lenguaje desconocido aunque fácil de comprender. Con sus muslos acariciando y masajeando la intimidad de la otra. Tan húmedo y caliente, tan suave y delicioso.
De repente se oyo que la puerta principal de la casa se habría, y alguien entraba. Ambas se aterraron. La niña se oculto bajo las sábanas, temblando de miedo de ser descubierta. La adulta extrañada pero no preocupada, rápidamente cogio su bata y se dirigió escaleras a bajo hacia la puerta de entrada.
Apenas bajó las escaleras lo vio: con su boinita verde pálida, su pequeño facón a la cintura, su ropita de general y sus varias medallas. Un poco más flaco pero con su mirada llena de vida y energia.
Se miraron, la mujer lloro de alegría y corrió a su encuentro. Él saltó hacia ella diciéndole con emoción y dicha: “Picachu!”. Se abrazaron y besaron como si el tiempo no existiera. El amor estaba en el ambiente.
Acordose de la muchacha que yacía en su alcoba, no sabia que decirle ni como explicarlo, pero él ya lo sabía todo: la carta que el ejercito había enviado anunciando su muerte en combate, las noches que buscó consuelo en otros cuerpos y hasta lo sucedido en el cuarto hace minutos. Solo la miro, subió a su hombro con gracia y le dijo dulcemente “Picachu”.
Llorose de alegría su mujer por tener un esposo tan bueno, tan compasivo y piadoso, y mas importante, vivo.
Se aferró a él con fuerza, como si quisiera compensar el tiempo perdido y por ese instante, ese largo instante, fue la mujer más dichosa del mundo.















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"Soy eco, olvido, nada"
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